
Aquel hombre viejo parecía cambiar la dirección del viento, sentado en medio del desierto jugueteaba con un pedazo de tronco viejo que movía a su antojo. Dibujaba en la arena algunas líneas simulando la trayectoria de una ruta imaginaria.
Cuando Lukas permanecía en reposo alzaba la mirada y se veía surcando los cielos, hace mucho tiempo que no volaba, aún recuerda esas acrobacias que alguna vez realizo con su avión.
Todavía conservaba sus insignias, símbolo del servicio en el que estuvo, la vida militar le ayudo a superar muchos de sus temores. A tener el coraje de enfrentar las adversidades y reconocer el valor y sacrificio de un hombre por su nación. Hace casi 25 años de ocurridos los hechos, donde tuvo una y mil peripecias con su “Junker”, un avión de reconocimiento usado en la guerra.
Cumplió con éxito muchas de sus misiones de reconocimiento en nuevos parajes, incluso en zonas hostiles donde se adentró a fin de obtener valiosa información del terreno.
Un día su avión sufrió un desperfecto, viéndose obligado a saltar de emergencia en zona desértica. Heridas en su espalda, le impidieron dormir recostado por lo que tuvo que hacerlo sentado, se acostumbró con el tiempo.
Conoció la muerte desde cerca, había visto ciudades enteras destruidas por bombardeos, todo ello lo atraparon en una serie de recuerdos que daban vueltas por su mente. En sus pesadillas se topaba frente al enemigo en una situación caótica y despertaba aterrado revuelto en la arena.
Pasaron muchos días hasta que encontró un oasis donde pasaba las noches. Disfrutaba levantarse temprano
zigzaguear por las dunas. Llegaba el momento en el que se disponía a dar muchas vueltas alrededor de una zona. Tantas veces pasaba por el circulo como le era posible, como si de un ritual se tratase.
Al retirarse se elevaban círculos de arena como aros de humo.
No se consideraba un veterano de guerra ya que la mayor parte de su vida no lucho como soldado, más bien se definía como un aventurero.
Le gustaba mucho la lectura, por ello, ocurrida aquel acontecer no pudo evitar identificarse con la obra de “El principito” y la aventura que narraba la historia con un niño y un piloto.
En su caso no había tenido mayor contacto con otras personas por mucho tiempo, sobrevivió gracias a dos factores determinantes, su entrenamiento y formación como militar además de su “fortuna” por encontrar un pequeño oasis donde ni siquiera lo imaginó.
Cuando algunos viajeros lo veían sentado inmóvil en posición de meditación creían que era un maestro espiritual. Observaban como se formaban las ventiscas que parecían danzar al son de una canción como si tuvieran un ritmo en especial.
Muchos años después terminada la guerra, llegó una caravana de viajeros e investigadores al lugar, incluso varios con niños. Para Luka verlos le recordaba a su infancia cuando aún no conocía el terror de los campos, trincheras y explosiones. Su madre lo mantenía alejado de cualquier tipo de violencia. En el caso de su padre, este apenas lo había conocido, según supo se hablaba que era un espía del gobierno y se esfumo sin dejar rastro.
Un día mientras está sentado meditando, escucha un barullo. Al abrir los ojos divisa un grupo de niños acercándose hacia él, sonrientes. En mente recuerda sus años de infancia cuando jugaba con su familia y vecinos.
Decide tomar el papel de un narrador, cuenta historias para los pequeños y entona algunas canciones que recordaba cuando aún era chico. Ellos sonríen y tararean, esto causa atención de otras personas adultas y se acercan ante tan curiosa escena.
Muchos de los forasteros curiosos acuden al hombre meditativo rodeado de infantes.
Lukas toma una pausa y con los ojos entreabiertos comienza hablar:
– Volar por el desierto es peligroso, pues solo nos queda observar y distinguir algún punto geográfico en el mapa. Podíamos perder el rumbo previsto y desviarnos de la línea fijada.
– ¿Cuánto tiempo lleva aquí? – se oyó una voz en medio de la multitud
– El tiempo que llevo aquí… uhm … ya son casi 27 años – dijo titubeando
– No he vuelto a tener contacto con nadie que haya conocido antes de ese suceso, talvez ya me dieron por muerto o desaparecido, con mi escuadrilla partimos la mañana del día 3 de marzo. En un esfuerzo en conjunto logramos avanzar más de lo previsto.
Un compatriota suyo, al cual reconoció por su acento, se acercó diciéndole:
– Porque no trata de encontrar a su familia, yo podría ubicarlos. ¿Acaso no los extraña?
– Cada día recuerdo los momentos que he pasado con ellos, aunque no puedo volver a verles la cara otra vez. Enseguida recordó las extensas conversaciones con su madre – responde Lukas.
Ahora no tenía idea de cómo poder reanudar la plática, las fuertes escenas registradas en su mente, así como su proceder lo hicieron creer que perdió la humanidad.
Sintió el cuerpo adormecido y por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación de
profunda nostalgia. Sus ojos brillaron y permaneció unos segundos con la cabeza gacha.
Se incorporó y prosiguió, los pobladores del lugar dirigieron sus miradas al tumulto y supieron que el personaje extraño que un día apareció revelaba parte de su historia.
– No podría regresar ahora – refiere exhalando.
Uno de los turistas con un parche en el rostro escuchaba atentamente en una esquina, tenía el pelo cano y un uniforme desgastada. Consigo traía una boina y un bastón.
Se queda mirándolo fijamente casi inmóvil, el público interesado en el relato, abre paso al anciano quien avanza con ayuda de su bastón.
Se coloca al frente del relator y levantando un brazo le muestra su boina:
Lukas lo observa detenidamente y se remonta hace 3 décadas. Una tarde cuando realizaba una inspección aérea cerca de una quebrada divisa en el terreno llamaradas de fuego, disgregado en varios puntos. Un sujeto a lo lejos corre de prisa dejando rastro de cenizas y brasas ardientes en el trayecto. Se percata de su accionar, pues busca evitar a toda costa que aterricen en la zona. De inmediato con su nave vuela a ras del suelo alrededor del punto siniestrado, en cuestión de un par de minutos las llamas se apagan.
El sospechoso toma un pequeño vehículo y desaparece del lugar. Lo curioso es que este personaje no dejó de sostener su boina en todo el recorrido como si de algo sagrado se tratase.
Volvió en sí después de unos segundos y vuelve a ver al anciano forastero en silencio, arrodillado y trazando con su bastón algunos símbolos en la arena.
Al darse cuenta cerro los ojos y un remolino llego hasta el hombre de la boina, desdibujo las figuras que había hecho en el suelo. Furioso levantó la mirada, sus ojos parecían encendidos.
– Hombre del viento no tenías que estar aquí – susurró.
Después de pronunciar estas palabras, toma un poco de aire y alza la voz:
– No puedes apagar la flama en tus sueños, aun sigues atrapado
El viajero incorporándose se coloca una manta en la cabeza, y descalzo desaparece en el desierto en pleno sol abrasador.
Lukas no comprendió desde cuando adquirió esta habilidad, nadie antes sospechó que tuviese algún poder especial, formaba toda clase de fenómenos extraños.
Lo cierto es que hasta ese día no podía dejar el lugar donde aterrizó. La tarde del accidente, su avión sufrió muchos desperfectos y termino incendiándose, su espalda llevo la peor parte. Al intentar accionar el asiento eyectable para salir expulsado, este no respondió.
Sin otra opción a su alcance decidió lanzarse sin equipo alguno. En medio de una ráfaga impresionante fue descendiendo hasta llegar a la superficie.
En la arena se sintió algo afectado, tanto que se desmayó. Cuando despertó, fue consciente de su último acto.
Había descendido sin paracaídas.