
Una escoba permaneció a un lado del patio a la espera que su dueña la recogiera. Hace un par de años una señora de limpieza pública nos pidió guardar lo que talvez fuera su herramienta más preciada, dijo que regresaría por ella después de terminar con unas tareas, pero no la volvimos a ver. Tenía unas líneas de color negro muy finas en el mango y la cerda. Debido a trabajos de construcción, en aquellos días, varios de estos objetos pasaron a un depósito situado al lado de mi habitación.
Un fin de semana cuando sacábamos la basura apareció al lado de la puerta principal entre la pared y una pequeña maceta. En ese momento creí que algo o alguien la sujetaba con firmeza pues no se balanceaba a pesar del viento. Seguí de largo sin detenerme sosteniendo los costales para dejarlos en la entrada a la espera del camión de basura.
Al regresar al mismo lugar, este ya no se encontraba (pensé que alguien la había tomado). Al cabo de unos minutos, terminando de guardar los implementos de limpieza, esa misma escoba reapareció en el almacén tan limpia como no la había visto antes. En la familia no había ningún tipo de supersticiones por lo que no pasó de ser una curiosa anécdota.
Un día después, percibí ruidos como si estuviesen cepillando el suelo de esquina a esquina, el sonido se atenuaba, cuando se disipó volví a quedarme dormido. Ya habían pasado dos noches así, en la noche siguiente antes de acostarme acudí al depósito para buscar algún roedor que pudiera haber entrado, sin embargo, ninguno apareció.
Esa noche no pude conciliar el sueño, daba vueltas en la cama como las agujas de un reloj. Tuve la impresión de haber dormido apenas unos minutos, nuevamente sonidos del almacén contiguo me alertaron. Esta vez se escuchaba por todos lados incluyendo las paredes. Me levanté somnoliento para cerciorarme y ¡oh sorpresa! la dichosa escoba de cabeza en medio sin apoyo alguno. Apenas pude distinguir unas manchas terrosas en las paredes, varias de las herramientas que estaban sobre los estantes parecían haber cambiado de posición. Decidí dejar la luz prendida para evitar nuevas sorpresas y regresé a la cama.
Luego de haber quedado profundamente dormido me dolía la cabeza. Había soñado que daba vueltas en una habitación iluminada hasta marearme toda la noche, mi almohada estaba en el suelo. No tenía idea porque estaba allí ni que estaba haciendo, solo rozaba con mis manos las paredes pasando por cada esquina.
En un último intento por saber que ocurría en casa regresé esa noche con un poco de comida en una caja pequeña y una trampa para ratones para descartar que se trataran de estos animales u otro. Un grabador de audio digital totalmente cargado no podía faltar a fin de detectar algún indicio de actividad durante mi ausencia. Esa noche dormí en el segundo piso distanciado de aquel lugar, deseaba recuperar las horas de sueño y lo conseguí. A la mañana siguiente me dispuse a ver que había sucedido pues no percibí ningún sonido en el piso inferior.
Enfocado en la trampa, avance paso a paso y noté que aún estaba intacta, con la carnada en el mismo lugar. Di un vistazo a mi alrededor y el orden de los utensilios no había variado. Ni el objeto que había llamada la atención (refiriéndome a la escoba) estaba fuera de lugar. Tan solo me quedaba comprobar lo que había registrado el dispositivo de grabación.
Con una duración de unas seis horas aproximadamente, tenía que asegurarme de pasar el archivo a mi computador, me esperaba una larga jornada para tratar de descubrir alguna pista de lo ocurrido esa noche. A la par que realizaba mis tareas en el trabajo remoto, escuchaba el audio, en las dos primeras horas no oí ningún ruido anormal.
Decidí pausar la reproducción del audio para tomar un descanso y despejarme mientras cargaba mi celular. En unos minutos estaba de vuelta, no obstante, las próximas dos horas no serían muy diferentes a las primeras, ni un solo sonido parecía revelar alguna presencia. Ya solo quedaban un par de horas por escuchar y no dejaría escapar ni el ruido más insignificante.
Me puse cómodo en el asiento para escuchar el siguiente tramo del audio apagando las luces para entrar en un ambiente más siniestro. Creo que lo último no fue una buena idea ya que me ganó el sueño en la primera hora por lo que tuve que repetir varios minutos. Ya era medianoche, pero aún me faltaba una hora para concluir. Faltando treinta minutos para finalizar, distinguí unos susurros. Se entrecortaba, y por momentos parecía escuchar como si soplaran directamente a la grabadora.
Recuerdo haber vivido una experiencia similar en un programa de radio, lo que se denomina como “psicofonía o sicofonía”, ahora estaba pasando en mi propia casa. Ahora bien, lo que no olvidaré son esos segundos cuando alcancé a oír claramente:
– «Mis restos… mis cosas»
Casi de inmediato hizo que me desconectara e intentara descansar, pero apenas pude conciliar el sueño, no imaginé hallar esa señal perturbadora. Al cerrar mis ojos muchas imágenes pasaron por mi mente, una a una trataba de eliminarla y no volver a lo mismo. A la mañana siguiente solo tenía planeado una cosa.
Después del desayuno me dirigí a un terreno agreste a unos veinte minutos de mi domicilio donde quemaban maleza los municipales. Tras un muro yacían apilados varios sacos de basura, entonces supe que estaba a metros de mi objetivo. En el lado menos rocoso hice una pequeña zanja y puse la escoba en la parte más profunda, recubrí con una capa de piedras y por último con tierra aplanando en lo posible la superficie.
Junto a la escoba dejé una nota que decía:
– «Descanse en paz, sus cosas están a salvo»