fantasmal

Una noche de otoño un olor desagradable se sintió en el interior de la casa, subí al techo para comprobar si provenía del exterior, pero no halle rastro de tal hedor. Al principio, el olor se asemejaba a cabello quemado, pero pasando los minutos fue cada vez más fuerte incluso hasta tal punto que creímos que había un cuerpo pútrido a pocos metros, realmente nos causó mucha repulsión.

Mi madre estaba en medio de la sala y yo me encontraba en mi habitación. Nos llamó la atención que surgiera de repente ese aroma tan pestilente. Lo curioso es que solo se concentraba en algunos sectores del hogar. En el rincón mencionado se encontraba el televisor, que a su vez colinda a con las ventanas, estas se hallaban cerradas. Otro lugar eran los pasillos que conducían a los cuartos.

Revisamos esos puntos para constatar que no haya caído algún alimento o desperdicio, parecía que el olor había quedado atrapado. Además, verificamos el balón de gas y la llave eléctrica por lo que quedó descartado una fuga, así como un corto circuito.

Extrañados por este suceso ventilamos el interior, abrimos las ventanas para disipar el olor, e intentamos esparcir ciertas especies aromáticas. Recordé que había algunas varas de incienso y las prendimos. El aroma se esparció en cada ambiente y tomó fuerza.

Despejamos la sala, pero al llegar a mi habitación tuve una mala sensación. Solo se había trasladado de ubicación, por lo que aún no había salido de la casa. Se me vinieron muchas ideas, una de ellas fue si se trataba de una presencia maligna o una mala energía que se había apoderado de mi hogar.

Lo anecdótico es que el olor parecía escabullirse en las habitaciones como si de un animal pequeño se tratase, pero no encontramos ningún rastro. Procedimos tal cual como en el primer ambiente. Cuando por fin se disipó, el malestar aún continuaba, un dolor de cabeza leve que no pasó a mayores pero que nos dejó una rara sensación esa noche.

Ya acostado, me quedé un buen rato despierto repasando lo que se conoce como “memoria olfativa”, con esto me refiero al recuerdo de los olores, y se me vienen varios de estos en la infancia. Desde el agradable aroma del jazmín luego de regar el jardín en las noches hasta el olor a formol cerca de un féretro durante un velorio. A lo largo del tiempo los he asociado a ciertos acontecimientos en especial. Junto con las melodías de varias canciones y sonidos particulares son los referentes cuando retrocedo en el tiempo.

Volviendo al tema del suceso, poco después se investigó algo más de esto, descubrimos que hay alucinaciones olfativas, la más conocida como fantosmia (olores fantasmas). Se trata de un trastorno del olfato por el que se perciben olores que no existen. Los especialistas señalan que puede ser causado por una lesión cerebral y es más frecuente en adultos mayores de 40 años. Dicha alteración también es asociada al COVID-19 pero esto ya lo hemos descartado.

Lo curioso es que tanto mi madre como yo sentimos un olor hediondo el cual describimos al instante. Queda claro que no era una cuestión personal o imaginación propia, en este caso coincidimos por lo que nada se distorsionó ni fue ajeno a la realidad a mi parecer.

En conversación con una amiga afirmaba sentir olor a flores cuando alguien cercano iba a fallecer. Entonces me pregunto ¿Serán estos olores una forma de transmitir algún mensaje o una señal de que algo está sucediendo o va a suceder?

Quizás algún día pueda confirmarlo.