
Salieron apresurados de la casa aquella noche lúgubre de octubre.
En las afueras se había formado una espesa neblina y apenas se notaban las siluetas de otras casas, esa noche ocurrió el fenómeno denominado “Luna de sangre” en la que el astro se tiñe de un color rojizo.
Una familia de apellido Nunier conformado por cuatro integrantes se había mudado a una antigua edificación, enorme y de aspecto colonial en un pueblo rodeado de montañas en los Andes.
Los Nunier eran supersticiosos y relacionaban este fenómeno como señal de numerosos desastres, así como un cambio de comportamiento en las personas y animales. Ellos tenían un gato que permanecía en la entrada, trepaba una reja para salir de vez en cuando, parecía algo huraño corriendo muchas veces por las calles.
El cielo comenzó a tomar un color carmesí y los perros comenzaron a ladrar, el cauce del rio creció mucho. A eso de las siete de la noche la luna se notaba perfectamente en el cielo despejado, pero duró poco tiempo así ya que al cabo de una hora una neblina fue cubriendo gran parte de la ciudad y opacó el astro.
Evaristo el patriarca de la familia, un señor corpulento con unas grandes ojeras, se asomó por la reja de su vivienda y percibió un olor fuerte a azufre, de pronto giró la cabeza y no encontró a su gato que siempre yacía allí a esa hora.
Tuvo un mal presentimiento y decidió dar una vuelta alrededor de su casa cargado de amuletos que ya tenía listos. A los pocos pasos divisó apenas una jauría de canes peleándose, por lo que al parecer era un animal muerto, en medio de un terreno baldío cubierto en niebla. Algunos otros permanecían intranquilos observando el firmamento. Dudó un poco, pero se atrevió a dar unos pasos mas para ver mejor la escena a lo que unos de los perros, el de mayor pelaje, lo miró amenazante.
En esos momentos un sujeto llegaba caminando lentamente como si cargara consigo algo pesado, pasó muy cerca de los animales, pero ellos ni se percataron de su presencia.
Esto causó mayor asombro del viejo Evaristo quien se echó para atrás y volvió sigilosamente a su hogar, en el camino encontró rastros de sangre y pelos por la calle. Se le pasaron muchas cosas por la mente y comenzó a agitarse cuando al llegar cerca de la reja, vio a lo lejos la silueta de un felino de grandes proporciones acercándose sigilosamente. Luego de unos segundos reacciono metiéndose detrás de la reja. A través de ella vio como seguían llegando más de estos dirigiéndose a donde se encontraban los canes.
Luego de unos instantes se escucharon lamentos de animales cada vez más fuertes, quienes estaban reunidos amenazantes en el patio baldío ahora lloraban. Para no exponerse subió a un viejo tronco de su jardín y ver que pasaba. Cuando alzó la mirada contempló como los felinos, al parecer eran pumas de las montañas, atacaban a la jauría con ferocidad. Sus víctimas fueron el grupo que atemorizo a Evaristo, los demás que no estuvieron en la riña estaban a salvo mirando al cielo que se opacaba cada vez más, parecían querer hallar algo. Cuando los felinos se retiraron, estos perros taciturnos comenzaron a aullar y despertaron a varios habitantes del lugar quienes se sintieron atemorizados.
En unos minutos, cuando ya parecía más tranquilo, Evaristo se acercó al lugar con sumo cuidado y se dio cuenta que el animal muerto era una cría de puma probablemente de alguno de los que llegaron. Entonces se preguntó ¿Están tomando venganza ?, pero si son animales silvestres sin mayor raciocinio que el de un humano.
La noche no acababa y aun se sentía una extraña mezcla de olores. Por esas horas salían uno tras otro morador con lámparas de aceite para ver lo sucedido encontrándose con un panorama aterrador. Uno de ellos dijo:
Esos perros no suelen atacar, están tranquilos, no sé qué les está pasando.
Unos de los residentes de mayor antigüedad, luego de caer a un hoyo, alertó a sus vecinos.
Los animales de las montañas están bajando al pueblo, ahora se acercan más en manadas. ¡Pónganse a buen recaudo! Y no se acerquen a las riveras.
Muchos de los moradores sintieron que lo que se venía no era nada bueno y muchos corrieron a sus casas a resguardarse.
Evaristo corrió a su casa para dar aviso a su familia, presentía que algo así iba a suceder y ya tenían sus cosas empacadas y listas para movilizarse.
Curiosamente a su regreso vio a su gato entrando al jardín por lo que sintió un gran alivio.
En unos 30 minutos ya estaban saliendo, consiguieron una carreta y con rumbo incierto abandonaron aquel lugar, la humedad en el ambiente condensaba su aliento mientras se despedía del lugar en medio de las montañas donde hace unos días acababa de llegar.
El miedo comenzó a crecer en el resto de pobladores, muchos acudieron a la casa del anciano morador el cual tenia mayor conocimiento de lo sucedido desde tiempo atrás. El les aconsejo que cerraran bien sus puertas y trataran de conciliar el sueño ya que todo esto pasaría, al amanecer habrá acabado todo.
Así fue, pero nunca volvieron a saber de los Nunier quienes se fueron en medio de todo el caos.
FIN
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