
Eran los tiempos de infancia de Andrés, un chico que prácticamente se valía de sí mismo en sus quehaceres. Decía tener un gran amigo que era pequeño con cara de pasa, de piel verde como las hojas de un árbol y muy listo para hacer las cosas. Aun cuando no articulaba bien las palabras, señalaba al vacío aparente, pero cierta vez lo escucharon llamar a alguien con una enorme sonrisa. “Nanito” alcanzaron a oír en la enorme sala donde jugaba solo, apuntando otra vez con su dedo. A partir de ese episodio sin importancia para sus padres, empezó a tener largos tiempos de ausencia en casa.
A menudo se divertía cerca de la planta de higos subiéndose a algunas plantas de regular tamaño que hay en un terreno agreste, pero lo curioso era que nadie salía lastimado pese a las advertencias de los mayores que lo veían trepase.
Soy fuerte…- parecía decir el infante, dando señales de habilidad y resistencia.
Muy alegre, contaba las experiencias que vivía con este ser imaginario, a su madre, una mujer muy dedicada a sus asuntos, pero muchas veces no le prestaba mucha atención. Lo dejaban con la niñera quien se encargaba de las labores domésticas quien también lo tenía sin mayor cuidado.
Pasaron dos años, Andrés ya de 8 años fue perdiendo contacto con el “amigo imaginario” como consideraban sus padres. “Nanito” como lo llamaba ya no era el ser que tantas tardes lo entretuvo. Cierto día el niño noto una pequeña silueta corriendo por su enorme jardín, lo siguió hasta que llegó a una planta de higo y bajo de ella se dio cuenta que en la tierra estaba escrito “Te espero en el parque donde jugábamos después del almuerzo”.
Andrés termino rápidamente de comer y mientras se dirigía al viejo parque lleno de enredaderas recordó que este ser logro hacer grandes cosas, consiguió que no le temiera a la oscuridad, luego a manejar la bicicleta, los patines y hasta le quito el miedo a las alturas; algo que sus padres no le pudieron enseñar por estar ocupados en sus quehaceres. Sentía que era su protector, le mostraba que el mundo era seguro y las cosas inofensivas. Algunos amigos que tuvo en la escuela también lograron verlo, lo recuerdan muy alegre que les cambiaba las caras cuando estaban tristes o preocupados.
Cuando llegaron al lugar “Nanito” sacó un pequeño muñeco con cara de anciano parecido a él y relleno de semillas además de un cascabel y se lo entregó como un recuerdo que le dejaba por los tiempos que pasaron juntos. Le dijo que enterrara el muñeco en el jardín de su casa, en cuanto al cascabel le indico que lo colgara en alguna de las enredaderas que tenía. El se sorprendió al oír esto.
– ¿A dónde te vas? ¿Qué harán estas cosas? –preguntó-. No entiendo
– Alguien vendrá muy pronto y también jugará conmigo como antes ¿te acuerdas?, pero ya no podrás verme más…
– ¿Por qué ya no? … aun podemos jugar.
– Todo tiene un tiempo amiguito … no serás un niño toda la vida. Ahora en la escuela ya aprendes muchas cosas, ya no soy necesario y hay muchos otros que necesitan de mi apoyo – se oyó la voz que desde la nada parecía pronunciarse y agregó.
– Esto es todo lo que tengo que decirte. Adiós criatura, te veré algún día convertido en una de los adultos, siempre metidos en sus cosas. Recuerda lo que te he enseñado, no dejes que maltraten a los indefensos y protege las plantas, yo aun podré verte y estoy seguro que me acordaré de ti. Cuando escuches el sonido del cascabel entonces debo estar cerca. – dicho esto se desapareció lentamente de la vista de Andrés.
El niño triste por la noticia agachó la cabeza, se quedó quieto un momento hasta que reaccionó y se fue de regreso a casa.
Apenas cruzó la puerta principal se dirigió al jardín e hizo lo que le indicó, con sus propias manos escarbó hasta que se pusieran rojas y le salieron ampollas. El hueco que había hecho le llegaba casi a la cintura y allí coloco el muñeco y procedió a enterrarlo.
Luego de ello coloco el cascabel en la rama de una planta donde ellos solían quedarse hablando, algo escondido entre las hojas la dejó.
Una tarde en la que se quedó dormido luego del almuerzo tuvo una pesadilla, pero logro despertarse. Cuando se levantó inmediatamente oyó un sonido que llegaba del exterior de su habitación. Llegó al patio, luego sintió un olor a flores muy agradable, continuó y ya en su jardín vio el brote de una planta, estaba en el lugar donde enterró aquel recuerdo. En eso escucha de nuevo el sonido del cascabel agitándose.
Es mi amigo nanito… está cerca. Me has despertado de la horrible pesadilla– dijo sonriendo.
FÍN