matmoca

Un grupo de científicos se encontraba en la Amazonia a punto de iniciar importantes investigaciones, el líder representaba a un prestigioso instituto de la capital. Tenían como objetivo documentar especies exóticas, en peligro de extinción además de dar a conocer la tradición de los pobladores y su vínculo con la naturaleza.

Equipados con dispositivos electrónicos se alistaron para registrar un día en medio de la jungla. Siendo poco más de mediodía no tardaron en percatarse que los equipos ya indicaban batería baja. Los bancos de energía portátiles ayudaron a solventar ese problema por unas horas más, sin embargo, al caer la noche las cámaras se apagaron por completo.

En el regreso a la aldea, la oscuridad inundaba los caminos, las linternas y un reflector estaban al límite, excepto uno el cual le quedaba poca energía. Ya en el último trecho, una gran hoja cayó desde lo alto, balanceándose de un lado a otro se perdió en la vegetación. Una persona en el grupo creó una nueva hipótesis en base a los hechos ocurridos.

El viento silbaba de una forma muy particular, se tenía la sensación de cosquilleo en la nuca, una especie pequeños remolinos parecían seguir el rastro humano. La primera noche luego de un día arduo de exploración fue una de las más largas que iban a tener en dicho territorio lleno de misterio. El ambiente brumoso se hacía presente en medio de la noche. Un par de biólogos sentados alrededor de una fogata intercambiaba opiniones, en su mayoría derivadas de su última experiencia.

El sonido de la fauna silvestre en la selva se hacía notar incluso a altas horas de la noche. Alertados por un crujido, como si algo se arrastrara entre las hojas, se sospechó de una serpiente, puesto que ese lugar era húmedo. Se corrió la voz y pronto sacaron sus linternas apuntando a todos lados.

Esta escena dio que hablar entre los acampantes ya que muchos de ellos eran biólogos y zoólogos por lo que pasaron un pasaron buen tiempo charlando de nuevas especies y su función en el ecosistema. Aprovecharon el tiempo ya que no tenían que madrugar a la mañana siguiente.

Poco más de la medianoche las personas mayores cedieron ante el cansancio contagiando a los demás por lo que al cabo de unos minutos las carpas yacían cerradas. El viento soplaba, pero no despertó a ninguno esa madrugada. Estaban completamente dormidos y sin saber de lo que pasaba a su alrededor

Como si se tratase de una señal las nubes tomaron formas particulares y un cumulo se desplazó a un lugar llamado “El pedregal”, a unos 15 minutos del campamento. Pasaron unos minutos de las tres de la madrugada y apenas se escuchó el eco de un estruendo. Al amanecer se enteraron que había ocurrido un gran deslizamiento de lodo en la vía principal bloqueando el acceso al transporte que iban y salían de los pueblos aledaños.

Faltando un día para que el grupo terminara su travesía por la selva vieron frustrados sus planes por el accidente en la carretera. Cerca de la mitad de ellos tenía proyectado seguir rumbo a nuevos parajes con reservaciones y vuelos programados por lo que resultaron muy afectados por esta noticia. Al poco tiempo estas personas conformaron un nuevo grupo para idear una forma de retornar en el menos tiempo posible.

Una asociación de la zona se encargó de acelerar los trabajos a fin de despejar el lugar del siniestro apoyando a los trabajadores municipales. Animados por este gesto, muchos de los visitantes también colaboraron, pues de esta manera podrían continuar con su labor de exploración. Un ingeniero agrónomo pudo intervenir en los procesos aplicando las técnicas que le sirvieron años atrás en este tipo de labores, la eficiencia se notó considerablemente reduciendo los tiempos previstos.

En tres días terminaron con el trabajo que se estimaba en cinco inicialmente, todos aprendieron y compartieron experiencias en ese lapso de tiempo estrechando los lazos de amistad. Los más avocados a la investigación pudieron recopilar mayor información de la flora y fauna. Tampoco los anfitriones se quedaron atrás, demostraron su gran hospitalidad en todo ese tiempo, incluso dándoles alojamiento en las cabañas más exclusivas de la localidad a los forasteros incluyendo una casa-árbol que usaron como observatorio de aves.

Un día previo a la salida del territorio amazónico terminaron de pintar los últimos retoques en un enorme mural hecho de piedra donde estamparon sus firmas. Para la cena se sirvieron unas infusiones especiales para la ocasión. En los próximos minutos cesó la bulla y se oyeron algunos bostezos.

De pronto un fuerte ruido proveniente desde la casa del árbol llego a sentirse a puertas las cabañas donde se encontraban hospedados, como si cayeran troncos de madera de lo alto alteró los ánimos en el recinto. Cada vez más personas se asomaron a la entrada para cerciorarse. A primera vista atinaron a ver una sombra moviéndose ágilmente de un lado entre la copa de los árboles. Un vecino residente salió para calmar la situación y dar detalles de esta aparición.

Según indicó se trataría de la matmoca, una criatura pocas veces vista, de la cual solo se tenían algunos bosquejos en la espesura de la selva. Una comunidad amazónica seguía sus rastros desde hace décadas, muchos integrantes lo tenían presente cuando se adentraban en el bosque en los instantes menos esperados.

Este animal o lo que fuere, no volaba, sino que planeaba. Según la descripción lo que parecían alas era una especie de membrana la cual estando extendida daban un aspecto místico, de esa forma llegaba a alcanzar el tamaño de un humano promedio. Solía subirse a lo más alto de los árboles para caer en picada y dejar a su paso una estela de polvo fluorescente. Conforme descendía se escuchaba un cascabeleo y rápidamente al llegar a tierra se esfumaba por completo.

Anonadados por la explicación intentaron acercarse al lugar de los hechos. Miraron a lo alto y una gran sombra como un aeroplano salió rápidamente en dirección desconocida.

En unos segundos sintieron como si un gran montón de escarcha les cayera en el rostro. La comezón en los ojos y la sensación de picor incomodó a los espectadores que sin darse cuenta regresaron a sus cabañas y se recostaron entrando en sueño profundo.

A la mañana siguiente nadie recordaba lo sucedido post avistamiento, el cual fue tan extraño que provoco pesadillas. Solo sintieron un intenso sueño que los indujo a caer en un trance profundo, como si les drenaran la energía.

Cuando se dirigían a desayunar distinguieron la huella irregular en el mural, pero nadie pudo identificar la especie lo que despertó la curiosidad, sobre todo de los más intrépidos quienes sacaban papel tras papel con apuntes y dibujos.

El jefe de la comunidad, un hombre que mantenía sus tradiciones se posiciono en el centro de la aldea y señalando a los techos les dijo:

– No es casualidad que ayer este ser tratara de despedirse…

– Pueden observar que ha dejado en el techo unas semillas semi molidas como obsequio porque de algún modo muestra aprecio por sus visitantes.

Estas palabras despertaron el interés en más de uno, aunque entre los pobladores era conocido estas historias. Prosiguió narrando:

Usa su cola para cavar bajo tierra y salir por temporadas, como hibernan ciertos osos. Su hocico es alargado, muy similar al de un oso hormiguero, y en el pecho se puede ver la letra, la “M”, debido a esto se originó su nombre. Esta tiene forma de espiral parecida broca que se colocan en los taladros, con un espeso pelaje alrededor. Muchos de nosotros sabemos que a esta criatura le gusta el café y los frutos secos. Por eso le dejamos varios tipos de granos y cacao como ofrenda, pues creemos que nos avisa cuando algún desastre o un gran evento va a ocurrir. Una figura que representa a esta criatura ha sido tallada en madera de los árboles donde ha sido visto. Un artesano muy conocido por la comunidad se está encargando de esto.

Estas líneas fueron parte de un informe realizado por un “visitante” el cual testigo ocular de los hechos que allí acontecieron. Luego de estas palabras el líder investigador se acercó al jefe de la comuna para felicitarlo y darle un presente. De igual forma retribuyó el regalo con un conjunto de artesanías, así es, entre ellas estaba la figura representativa de la matmoca tallada y en diferentes colores.

Finalmente, todos se fueron con un gran recuerdo prueba de una experiencia que no todos los días se vive. Pero prometieron regresar en un tiempo prudente para proseguir con la investigación del ser más exótico del cual tenían conocimiento.