Mauro ya no tiene más memorias que aquellas victorias logradas en su juventud. Algunas medallas ahora yacen llenas de polvo en un depósito, lejos de relucir en un estante. Luego de muchos años entregado al deporte ahora enfermo y postrado en una cama rememora esos momentos de gloria y reconocimiento.

El año más glorioso, cuando participó en las olimpiadas obtuvo medalla de plata en la carrera por obstáculos, muchos medios de comunicación lo entrevistaron, pero al cabo de un tiempo su salud se deterioró mucho hasta el punto que tuvo que retirarse, aun joven. Esto sería determinante para el resto de su vida.

Ninguno de sus sucesores logró clasificar a una olimpiada como él lo hizo en la cumbre de su carrera. En los años posteriores a su retiro estuvo entrenando jóvenes promesas que no cumplieron sus expectativas.

“Solo con esfuerzo y disciplina lograras tus metas” era su frase más usada en el campo de entrenamiento.

A los 3 años de trabajar como entrenador las molestias físicas le impiden seguir con sus actividades, los médicos le diagnosticaron artrosis. El galeno le dijo que esta iba a una de sus carreras más difíciles de aquí en adelante puesto que el tratamiento no sería nada fácil de sobrellevar.

Cada noche se acostaba pensando en el momento más decisivo, el día en el que obtuvo la presea de plata, cree que pudo ser el mejor además de haberse quedado con el máximo premio del certamen. A medida que van pasando los meses, estos sueños se vuelven pesadillas. El escenario cambia, ahora se halla transitando por calles desconocidas las personas fuera de sus casas parecían sentir sus pasos, y se ocultan. Donde atina a ver solo presencia una puerta cerrándose lentamente.

Con toda la preocupación pide ayuda psicológica ya que sus horas de sueño se ven afectadas, incluso pasa varias noches sin poder dormir. El especialista lo recibe en su consultorio:

– Sr Hernández, un gusto tener aquí a un destacado deportista, lo recuerdo cuando aún estaba preparándome, coménteme en que lo puedo ayudar.

– Gracias Dr Padilla, he venido porque tengo serios problemas para conciliar el sueño y cuando lo hago despierto bruscamente aterrado. En mi mente transcurren muchas escenas que dan vuelta y se transforman en malos pensamientos. – le contesta Mauro.

– Su caso es más común de lo que usted cree, muchos deportistas luego del retiro viven un periodo de adaptación donde pueden sentir ansiedad, nostalgia, culpa e incluso tristeza. Observamos que se les dificulta aceptar la realidad en un panorama donde ya no participara nuevamente en un alto nivel competitivo…

– ¿Entonces? ¿Cómo puede ayudarme a superar esto?

– Lo primero que le recomiendo es que se integre a un grupo de apoyo, en las cuales otros ex deportistas puedan compartir experiencias, estoy seguro que muchos ya superaron esta etapa. Por otro lado, algunas terapias de relajación pueden ayudarlo a mejorar y alejar esas ideas negativas.

– Bueno pondré todo de mi parte, se lo aseguro – replico el medallista

– Es agradable escuchar eso, tengo otros pacientes deportistas que podría contactar. Puede asistir a las terapias dentro de una semana.

– Se lo agradezco – dijo el ex deportista despidiéndose de el y prometiendo volver pronto.

Pudo llevar estas terapias por unos meses, su salud mental mejoró, pero sus problemas físicos fueron de mal en peor. Pronto se vé obligado cambiar el psicólogo por el reumatólogo, su mayor su desilusión ocurre cuando le encontraron tumores cancerosos. Dejo de asistir al tratamiento psicológico dado que le costaba mucho trabajo.

En la actualidad ya no puede valerse por sí mismo, pues su enfermedad apenas le permite moverse. Aurelio, su primo lo apoya, aunque al igual que Mauro no estaba en la mejor condición económica. Muchos de sus parientes residen el extranjero y no tienen contacto desde hace ya varios años.

No cuenta con un seguro o pensión del gobierno, además ya no le queda prácticamente nada de sus ahorros. Se vio en la necesidad de vender varias medallas y dos trofeos para costear parte del tratamiento. Sin embargo, se negaba a vender el premio del certamen más importante al que asistió.

Los vecinos más próximos a su hogar organizaron una gran actividad a fin de apoyarlo, pudieron reunir un monto para cubrir una operación importante y se lo entregaron de buena voluntad en un sobre.

“Para el hombre que nos hizo ver los obstáculos como un juego” se leía en el sobre. Mas abajo había unos laureles deportivos dibujados al parecer por unos niños artistas. La dedicatoria tenia su nombre y apellido en mayúsculas “Mauro Hernández”.

Mauro, emocionado, recibió con mucha gratitud este gesto. Aunque por otra parte sintió que se volvía una carga más pesada para su entorno.

Se somete a la operación necesaria, pero decae unas semanas después, a sus 41 años aparentaba tener unos 10 años más, su mejor compañero ahora es un álbum de fotos. Creía haber dejado atrás esas escenas, pero aún estaba presente en su vida que ya no valoraba como antes.

Un día lunes su primo Aurelio pasa a visitarlo, de lejos se percata que sus ventanas están cerradas, algo inusual a esa hora.  Encuentra la puerta de su habitación abierta, se acerca y entonces se da cuenta que tiene el cuerpo rígido, la cabeza inclinada hacia un lado con el cuello estirado.

Se acerca un poco más y nota abundante espuma en la boca de Mauro, en su mano aun sostiene el objeto más valioso que le queda, su medalla olímpica de plata. Lo toma del brazo, pero a los pocos segundos deja de sentir su pulso. Había partido una leyenda uno de los pocos que obtuvo una medalla olímpica en la historia de su país.