
En tierra de guerreros donde galos e hispanos lucharon cruentas batallas ahora colindan hitos fronterizos de dos países europeos, ambos mantienen gran interés en esta zona.
A mediados de los años 80, un nuevo acuerdo para impulsar el turismo, reabrió al público zonas arqueológicas con alto valor histórico, sin embargo, ello no duraría por mucho tiempo.
Debido a los constantes reportes sobre desapariciones, las autoridades en litigio custodiaron la zona con fuerzas armadas además de aplicar severas restricciones.
Entre el contingente militar se hablaban de numerosos casos paranormales, las cuales, decidieron no hacer público por temor a ser sancionados.
Mas de un investigador llegó antes del cierre armado, recabando información y testimonios de muchos visitantes.
Algunos contaban experiencias con imponentes castillos, otros con extrañas criaturas, la más resaltante, una bestia que retornaba cada cierto tiempo, distinguido con una enorme silueta a forma de dragón, de cuerpo alargado. Al día siguiente de su avistamiento se reportaban personas desaparecidas, así como cadáveres de animales en los lugares aledaños al incidente. A la zona llegaron convoyes armados y fuerzas especiales, todo indicaba el interés de los gobiernos para obtener valiosa información sobre los hechos allí acontecidos.
Una noche clara a fines de noviembre, la guardia militar, se preparó ante cualquier suceso anormal, en un esfuerzo conjunto el alto mando de los países involucrados se preparó con equipos modernos, todo de forma secreta.
Trazaron un enorme cuadrado sobre el terreno y mandaron a colocar un equipo de iluminación en cada esquina, estas permanecieron apagados a la espera de una orden oficial.
A una hora de la medianoche, una tormenta de arena surgió en medio del cuadrante expandiéndose en el llano, los faros y linternas que tenían preparados salieron despedidos por los aires.
Dos oficiales representando a cada país se encontraban presentes y atentos. El coronel Bernard, experimentado francés reordeno a sus tropas en el campo, mientras disponía de más vehículos, y el teniente Rodríguez, un joven español, quien servía de apoyo.
La tormenta se fue disipando, pero fue cubierto por una niebla espesa nunca antes vista. Inmediatamente abrieron fuego, a pesar que apenas se divisaba una gran silueta aterradora. Grande fue el asombro al ver que las balas se convirtieron en flechas y los soldados con equipo moderno pasaron a tener antiguas armaduras con yelmos sobre sus cabezas.
Se escuchó un estruendo, una cola enorme barrió con un grupo de diez hombres formados en una esquina, tenía una fuerza descomunal.
En un clima de confusión, la niebla fue desvaneciéndose, la bestia con cabeza de león, patas cortas parecidas a las de un oso, un torso similar al de un buey con un caparazón de tortuga a su espalda, costados provistos de corazas, y una escamosa cola que terminaba en un aguijón. Mas de un hombre la reconoció, pero se mostraban atónitos.
– ¡Es la Tarasca! ¡es real!
Fue llamada la tarasca en aquellos tiempos ya que fue avistada por primera vez en la localidad de Tarascón, departamento Bocas del Ródano, Francia. Su origen se encuentra en una leyenda religiosa de la edad media.
Los vehículos ligeros ahora convertidos en caballos galopaban a tope atemorizados, el suelo temblaba con cada embestida, el ambiente había cambiado y eran conscientes que no podían hacer uso de la tecnología.
El coronel aconsejó a Rodríguez que reagrupara a su escuadra en un lugar de mayor altura y apuntaran con una luz potente al monstruo. Se dirigieron al fuerte el cual yacía abandonado, pero en lo alto se apreciaba una muy buena vista. Cuando salieron del terreno arenoso los cambios anormales desaparecieron por completo, todo su equipamiento lucía sin ninguna alteración, aunque en el lugar del incidente aún se encontraba en un completo caos, la tarasca parecía controlar el tiempo en su propio territorio.
Llegando a la antigua edificación se dispusieron a instalar los reflectores en lo alto de una torre apuntando al objetivo. Ya era medianoche cuando terminaron la instalación.
El teniente Rodríguez quien se encontraba en el fuerte pronunció.
– ¡A mi orden enfocaran todas las luces sobre esa bestia! ¡A la vez!
Sin embargo, a lo lejos la figura se desvanecía en medio de una cortina de humo. Atónitos por lo ocurrido el teniente se quedó con las palabras en la boca, completamente paralizado imaginó se trataba de una pesadilla. Todo el cuerpo de tropas tenía esa sensación luego de tal suceso.
Regresaron al terreno con el contingente francés donde aún permanecía el coronel Bernard. A sus 50 años, poseía una gran lucidez y había participado en numerosas operaciones militares, incluso hablaba diferentes idiomas. Preparaba un informe oficial de los heridos y afectados en la contienda.
Apenas divisó al teniente Rodríguez, se acercó y le dijo:
– No es la primera vez que veo a esta enorme criatura.
– Hace dos décadas atrás cuando tenía casi tu edad, en mi país tuve oportunidad de enfrentarme a él. Este monstruo surgió en las dunas, muchos de los que estuvimos aquella vez dejamos de ser escépticos en esos instantes y observamos cada movimiento. Luego de mucho tiempo vuelvo a tener este encuentro.
– Me enteré que en otras zonas lo habían visto, y en todas esas ocasiones era de noche, la Tarasca como lo llamamos le molesta la luz.
– Quizás con el tiempo se hizo sensible a esto, no lo sé, realmente logramos vivir una nueva experiencia.
Álvaro Rodríguez en sus pocos años de servicio apenas había escuchado sobre este ser mitológico, no obstante, sus características no concordaban con los rumores en su tierra, en cada localidad el nombre variaba.
Caviló y respondió:
– Entonces esa criatura se alimenta de la oscuridad.
El coronel asintió mientras terminaba el informe y se alistaba para regresar a su destacamento. Álvaro no olvidaría aquel extraño episodio con el país vecino.
Esto evidencia que a pesar de las diferencias estas naciones tenían una creencia en común que aún mantenían viva a través de centenares de años, y el cual daba fuerza a la criatura legendaria de regresar así sea desde otra dimensión.