Gatos-cuento

Jerónimo, un joven estudiante, recorría los rincones de su distrito con su bicicleta en búsqueda de objetos valiosos para su colección los cuales guardaba en un enorme baúl. Desde monedas antiguas hasta tapas de gaseosas.

Cada tarde se dirigía a una zona llamada “la pampilla”, cerca de la playa donde gustaba de recoger insectos, abundaban restos de viejos caracoles marinos y algunos otros moluscos secos. En la misma “pampilla” había una choza abandonada hecha de madera rustica. Siempre que pasaba los fines de semana, descubría latas de nuevas bebidas, muchas parecían provenir del extranjero.

Un sábado en plena labor, entrando a la cabaña, escuchó unos maullidos que procedían de una caja mediana, se acercó para revisar y encontró una camada de gatitos. Eran cuatro en total, ya tenían varias semanas de nacido. Al tomar la caja recordó que cuando era niño jugaba con un gato de manchas negras. Tuvo la misma sensación cuando vio a uno de ellos con el mismo parecido estirándose en el empaque. Un día salió y no supo más de su querida mascota que marcó su infancia con bellos recuerdos.

Era consciente que criar mascotas también requería de atención y tiempo para ocuparse de su cuidado. Esperó un largo rato para comprobar si de casualidad aparecía alguien, sin éxito alguno decidió llevarlo a su casa. En el camino de regreso tuvo que atravesar numerosos obstáculos incluyendo una jauría de perros.

Al llegar a casa se aseguró tener el pase libre para entrar sin levantar sospechas, consiguió un trapo con el que cubrió la caja. Tenía un hermano menor llamado Antonio, este dándose cuenta de su llegada levantó el manto y vio a los mininos dentro, mientras su hermano mayor regresaba de comprarles alimento.

Antonio lo sorprendió en la entrada diciéndole:

  • Jero no sabía que también coleccionabas gatitos…

Su hermano, algo agitado por el recorrido de vuelta, le hizo una señal para que bajara la voz, no se detuvo hasta llegar a su habitación seguido de Antonio. Ambos con sonrisas cómplices se pusieron de acuerdo para que sus padres no se enteraran de inmediato. Jerónimo tenía pensado encontrar un hogar donde pudieran acogerlos sin problemas.

A la mañana siguiente el primogénito salió de casa temprano llevando un tarro lleno de canicas. Al regreso traía consigo un cesto grande, una bolsa de arena y otra de alimento especial. Sorprendido su pequeño hermano le pregunto cómo había conseguido todas esas cosas.

  • Antony he tomado nuestra colección de bolitas que tanto tiempo nos costó juntar. Fue para conseguir todo esto; ellos lo necesitan, aun así, debo un saldo que después pagaré – le confesó Jerónimo.

El pequeño asintió mirándolos y juntos les dieron su comida, deseosos de ver a los animales lo sanos y contentos.

Llegado el día lunes, se alistaron para asistir a la escuela, así que los dejaron en un rincón de la habitación junto a su cama, su madre Regina, mujer muy cordial entró a su cuarto buscando su tijera. Ella ya sospechaba que algo ocultaban, pero no se había tomado el tiempo de averiguar. Entonces al verlos, se compadeció, los acaricio y cambio su alimento, todo de forma discreta. Resolvió no llamarles la atención, pues quiso que aprendan a ser responsables, aunque esta decisión les costara a todos.

A la llegada de sus hijos, estos continuaron con sus cuidados iniciales manteniendo la discreción, no sospecharon nada ese día por lo que ase avocaron a sus actividades, ahora mas demandadas por los gatos pequeños.

Al tercer día de tener a los “michis” en casa, la señora de la casa entro cuando sus hijos ya reposaban en la habitación. Tomó asiento y les dijo:

  • Bueno muchachos, vamos ya cuéntenme cómo pasó – mientras alzaba las manos levemente para entrar en confianza.

Ellos accedieron a contarle detalladamente al verse descubiertos, su madre los escuchaba atentamente con paciencia. Contó que ella había vivido una experiencia similar cuando era niña, aunque sus padres no reaccionaron de la mejor manera.

Resalto la importancia de protegerlos ante cualquier enfermedad vacunándolos, desparasitándolos entre otros cuidados necesarios.

Acordaron dar en adopción en lo posible a por lo menos dos gatos, la señora Regina conocía muy buenas personas quienes aceptaron gustosos de criarlos.

Los dos restantes, un gato macho blanco de manchas negras lo nombraron Silvestre (como el de las caricaturas); la hembra, le pusieron Susy. Tiempo después incluso adquirieron un canario al cual le pusieron de nombre “Piolín” para que complemente al personaje gatuno.

En tanto que Susy fue la gata que más roedores traía a la casa a diferencia de Silvestre que permanecía más tiempo dormido que despierto. Ambos felinos fueron esterilizados.

Todos los dos sábados los hermanos salían en dirección al parque con la bicicleta y sus gatos en un cesto, según ellos necesitaban sacarlos para que se distraigan.

El mayor cambió el hábito de coleccionar objetos por rescatar animales, muchos abandonados en las calles. Era llamado “el amo de los gatos”, los felinos lo seguían donde fuese.

Junto con un grupo de amigos se organizaron para recaudar fondos y ayudar cada vez a mas animales en peligro, su casa se convirtió en un albergue para los animales en riesgo.

En sus vacaciones se tomó la libertad de realizar grandes recorridos, cruzando distritos, solo con ayuda de su bicicleta para socorrer algún animal que necesitara ayuda. En conjunto con el grupo ya conformado se dividían por zonas, además aprovecharon para sensibilizar a la población de adoptar en vez de comprar a sus “mascotas”.

Pronto recibieron la atención de algunos medios de comunicación, esto hizo que además algunas instituciones reconocieron la loable labor y los apoyaran. Se organizaron campañas gratuitas de vacunación, esterilización, diversos concursos y actividades. En toda esta labor conoció a mucha gente solidaria con ganas de ayudar, así como también personas que no les agradaba el tema, sin embargo, tenía un espíritu inquebrantable.

En el último año de secundaria Jerónimo ya tenía claro lo que deseaba, así fue optando por la carrera de veterinaria, más tarde su hermano Antonio seguiría los mismos pasos. Sus padres serian sus asistentes quienes servirían de apoyo incondicional en las actividades diarias.

A los seis meses de graduarse inauguró su propia veterinaria, donde antes había sido un refugio de animales en riesgo, ahora estaba equipado. Tenía toda la intención de ayudar a estos seres los cuales consideraba más nobles.

FÍN